Reseña Pasos en la escalera.- Laura Rivas Arranz
Editorial: Literanda
Año de edición: 2015
ISBN: No consta
Formato: Ebook
Sinopsis:
Una universitaria principiante se instala en el sexto piso de un edificio viejo, frío y sin ascensor. Sus nuevos vecinos: un niño-batman, una vieja loca por James Dean, un escritor que vende batidoras, una dependienta que oye voces en inglés para desoírlas en español, un médico con el botiquín desmantelado, una niña fea...
Alguien se lanza al vacío contra el asfalto oscuro de la calle. El perturbado del séptimo sospecha que puedes leer sus pensamientos. En lo más alto del edificio, un astrónomo deprimido vigila con obstinación la luna. Y si se cumplen las predicciones de los informativos, habrá una espectacular lluvia de meteoros. Interesados, pueden subir hasta la azotea. En caso de pérdida, sigan el rumor de pasos en la escalera. (Sinopsis extraída de: Literanda).
La autora:
Salmantina, licenciada en Derecho y en Teoría de la literatura y Literatura Comparada. Autora de dos novelas y varios cuentos, algunos finalistas en concursos literarios. “Rompecabezas” es su primera novela. En la actualidad, escribe su tercera novela y publica periódicamente cuentos en Desde el Bosque (http://laurarivasarranz.blogspot.com.es/). Compagina la actividad literaria con el estudio y la investigación de la historia de Salamanca. Ha publicado varios artículos de temática salmantina en Historias del cuarto de atrás (http://historiasdelcuartodeatras.blogspot.com.es/). (Biografía extraída de: Literanda).
Mi reseña:
Hoy os traigo la reseña de Pasos en la escalera de Laura Rivas Arranz, una autora que descubrí a través del gran blog de reseñas El pájaro verde (si no lo conocéis, os animo a que pinchéis el enlace y lo descubráis). Una novela original tanto en su planteamiento como en su argumento que consigue calar en el lector y transmitirle las emociones que en ella se plantean.
Pasos en la escalera nos mete de lleno en la vida cotidiana de una comunidad de vecinos cualquiera, común. Una joven introvertida que llega a la ciudad para estudiar en la universidad; un escritor que no termina de encontrar la fórmula del éxito; dos hermanos inestables; una chica en paro y frustrada que no consigue avanzar con sus lecciones de inglés; un matrimonio que no se pone de acuerdo sobre la educación de sus hijos... Personas de lo más variopinto que, pese a compartir un espacio común, no saben mucho de quien vive en la puerta de al lado o en el piso de arriba. Quizá la posibilidad de una lluvia de meteoros que anuncian los informativos sea la oportunidad de conocerse un poco más, o quizá este extraordinario acontecimiento pase desapercibido y todo siga como antes.
¿Cuantas veces nos hemos parado a pensar qué sabemos realmente de las personas con las que nos cruzamos casi todos los días en nuestras escaleras, nuestros rellanos o nuestros ascensores?, probablemente, nunca nos habremos hecho esta pregunta salvo en el momento que oímos algo que nos llama la atención y entonces, por un momento se nos pasa por la cabeza que al otro lado de la pared o sobre nuestras cabezas se desarrolla otra existencia, paralela a la nuestra, de la que no sabemos demasiado; pero ese pensamiento, esa curiosidad, dura un segundo, es como un fogonazo que se esfuma de forma tan repentina como ha llegado, y en seguida volvemos a sumergirnos en nuestra propia rutina y quehaceres, en este ritmo de vida en ocasiones frenético que no nos permite pararnos a mirar a nuestro alrededor. Recuerdo de mi infancia, en un barrio típico de mi ciudad que más parecía un pueblo que un barrio de capital, una calle en la que todos los vecinos se llamaban por su nombre, conocían dónde vivía cada uno e incluso recordaban si esa había sido la casa de toda la vida o por contra alguno antes vivía tres calles más atrás; la forma de llamarse era a pleno pulmón, sin tecnologías de por medio, y los críos podíamos jugar en la calle tranquilamente. La gente vivía con la gente; sin embargo lo que ahora se observa es que la gente pasa de largo del resto, no nos prestamos atención, y cada vez estamos más solos, más encerrados en nosotros mismos; y aunque los avances tecnológicos nos permiten conectar con el mundo entero, cada vez estamos más distanciados. Tenemos el mundo al alcance de la mano y nos empeñamos en alejarnos de él.
Escrita con un estilo directo y ágil, Laura Rivas Arranz utiliza en Pasos en la escalera una prosa de buena factura a la par que sencilla. Consigue dotar a toda la novela de un ritmo rápido con una sucesión de escenas rápida y concreta, a través de la cual transmite al lector la sensación de ese ritmo de vida que en ocasiones se vuelve frenético y no permite a los personajes pararse a pensar en el resto de sus vecinos. La figura de un narrador objetivo, aunque con grandes trazas de omnisciencia, actúa como una cámara que nos va llevando de la mano para mostrarnos, como observadores indiscretos, todo aquello que ocurre tras las puertas de cada una de las viviendas que componen ese bloque de pisos antiguos que podría ser cualquiera, incluso el tuyo o el mío. Descripciones detalladas que no caen en la abundancia ni el tedio para quien se encuentra al otro lado de la página proporcionan los detalles necesarios para que el lector pueda dibujar en su mente el escenario donde se desarrolla la acción. Con unas escenas bien construidas en base a unos buenos diálogos, así como un buen uso del monólogo interior en las reflexiones que realizan los personajes hacen que los lectores lleguemos a sentir el desasosiego, la soledad y el desencanto que sufren en sus propias carnes los protagonistas del libro. Laura Rivas Arranz ha sido capaz de traspasar las páginas de la novela, de transmitir las emociones que afectan a los personajes sin necesidad de citarlas por su propio nombre, no te dice que alguien está sólo o triste, te lo muestra.
En cuanto a los personajes, en Pasos en la escalera Laura Rivas Arranz no nos va a proporcionar una descripción física de estos, pero no es necesaria. Ha construido unos personajes tan reales, tan de andar por casa que probablemente cada lector les pondrá una cara y ahí reside uno de los encantos de esta novela, algo que nos la hará mucho más cercana y que nos hará entrar de lleno en su lectura: cada vecino de Pasos en la escalera podrá representar a alguien que, aunque sea de forma vaga, nos habremos cruzado alguna vez. La autora deja un aura de desconocimiento sobre la imagen de los personajes porque entre ellos lo hay realmente, no se prestan demasiada atención, y pese a convivir en algunos casos durante años en el mismo bloque no saben a ciencia cierta el nombre de cada uno, cual es su ocupación exacta o la puerta correcta en la que viven. Personalmente, no he podido evitar empatizar con el personaje de Claudia, esa chica joven que comienza la aventura de vivir sola y que arrastra una gran timidez, creo que todos hemos tenido que vencer, en algún momento de nuestra vida esa barrera y saltar obstáculos que quizá nos parecían insalvables. También me ha parecido entrañable la forma en la que la autora trata la personalidad de los dos niños que aparecen en la novela, Daniel y Cristina, ambos perfectamente trazados en la trama que protagonizan. En líneas generales, todos los personajes que protagonizan esta novela coral están muy bien dibujados y encajados dentro de las tramas que protagonizan, que aunque parecen discurrir independientes en realidad están ligadas entre sí.
Mi experiencia personal con Pasos en la escalera ha sido muy buena, he descubierto a una gran narradora de la que tengo pendiente su primera novela: Rompecabezas, que leeré seguro. En este libro, Laura Rivas Arranz nos invita a reflexionar sobre la importancia que unos simples pasos rozando unos escalones pueden tener sobre nuestra propia existencia.
Puedes comprar Pasos en la escalera aquí
Formato: Ebook
Sinopsis:
Una universitaria principiante se instala en el sexto piso de un edificio viejo, frío y sin ascensor. Sus nuevos vecinos: un niño-batman, una vieja loca por James Dean, un escritor que vende batidoras, una dependienta que oye voces en inglés para desoírlas en español, un médico con el botiquín desmantelado, una niña fea...
Alguien se lanza al vacío contra el asfalto oscuro de la calle. El perturbado del séptimo sospecha que puedes leer sus pensamientos. En lo más alto del edificio, un astrónomo deprimido vigila con obstinación la luna. Y si se cumplen las predicciones de los informativos, habrá una espectacular lluvia de meteoros. Interesados, pueden subir hasta la azotea. En caso de pérdida, sigan el rumor de pasos en la escalera. (Sinopsis extraída de: Literanda).
La autora:
Salmantina, licenciada en Derecho y en Teoría de la literatura y Literatura Comparada. Autora de dos novelas y varios cuentos, algunos finalistas en concursos literarios. “Rompecabezas” es su primera novela. En la actualidad, escribe su tercera novela y publica periódicamente cuentos en Desde el Bosque (http://laurarivasarranz.blogspot.com.es/). Compagina la actividad literaria con el estudio y la investigación de la historia de Salamanca. Ha publicado varios artículos de temática salmantina en Historias del cuarto de atrás (http://historiasdelcuartodeatras.blogspot.com.es/). (Biografía extraída de: Literanda).
Mi reseña:
Hoy os traigo la reseña de Pasos en la escalera de Laura Rivas Arranz, una autora que descubrí a través del gran blog de reseñas El pájaro verde (si no lo conocéis, os animo a que pinchéis el enlace y lo descubráis). Una novela original tanto en su planteamiento como en su argumento que consigue calar en el lector y transmitirle las emociones que en ella se plantean.
Pasos en la escalera nos mete de lleno en la vida cotidiana de una comunidad de vecinos cualquiera, común. Una joven introvertida que llega a la ciudad para estudiar en la universidad; un escritor que no termina de encontrar la fórmula del éxito; dos hermanos inestables; una chica en paro y frustrada que no consigue avanzar con sus lecciones de inglés; un matrimonio que no se pone de acuerdo sobre la educación de sus hijos... Personas de lo más variopinto que, pese a compartir un espacio común, no saben mucho de quien vive en la puerta de al lado o en el piso de arriba. Quizá la posibilidad de una lluvia de meteoros que anuncian los informativos sea la oportunidad de conocerse un poco más, o quizá este extraordinario acontecimiento pase desapercibido y todo siga como antes.
¿Cuantas veces nos hemos parado a pensar qué sabemos realmente de las personas con las que nos cruzamos casi todos los días en nuestras escaleras, nuestros rellanos o nuestros ascensores?, probablemente, nunca nos habremos hecho esta pregunta salvo en el momento que oímos algo que nos llama la atención y entonces, por un momento se nos pasa por la cabeza que al otro lado de la pared o sobre nuestras cabezas se desarrolla otra existencia, paralela a la nuestra, de la que no sabemos demasiado; pero ese pensamiento, esa curiosidad, dura un segundo, es como un fogonazo que se esfuma de forma tan repentina como ha llegado, y en seguida volvemos a sumergirnos en nuestra propia rutina y quehaceres, en este ritmo de vida en ocasiones frenético que no nos permite pararnos a mirar a nuestro alrededor. Recuerdo de mi infancia, en un barrio típico de mi ciudad que más parecía un pueblo que un barrio de capital, una calle en la que todos los vecinos se llamaban por su nombre, conocían dónde vivía cada uno e incluso recordaban si esa había sido la casa de toda la vida o por contra alguno antes vivía tres calles más atrás; la forma de llamarse era a pleno pulmón, sin tecnologías de por medio, y los críos podíamos jugar en la calle tranquilamente. La gente vivía con la gente; sin embargo lo que ahora se observa es que la gente pasa de largo del resto, no nos prestamos atención, y cada vez estamos más solos, más encerrados en nosotros mismos; y aunque los avances tecnológicos nos permiten conectar con el mundo entero, cada vez estamos más distanciados. Tenemos el mundo al alcance de la mano y nos empeñamos en alejarnos de él.
Escrita con un estilo directo y ágil, Laura Rivas Arranz utiliza en Pasos en la escalera una prosa de buena factura a la par que sencilla. Consigue dotar a toda la novela de un ritmo rápido con una sucesión de escenas rápida y concreta, a través de la cual transmite al lector la sensación de ese ritmo de vida que en ocasiones se vuelve frenético y no permite a los personajes pararse a pensar en el resto de sus vecinos. La figura de un narrador objetivo, aunque con grandes trazas de omnisciencia, actúa como una cámara que nos va llevando de la mano para mostrarnos, como observadores indiscretos, todo aquello que ocurre tras las puertas de cada una de las viviendas que componen ese bloque de pisos antiguos que podría ser cualquiera, incluso el tuyo o el mío. Descripciones detalladas que no caen en la abundancia ni el tedio para quien se encuentra al otro lado de la página proporcionan los detalles necesarios para que el lector pueda dibujar en su mente el escenario donde se desarrolla la acción. Con unas escenas bien construidas en base a unos buenos diálogos, así como un buen uso del monólogo interior en las reflexiones que realizan los personajes hacen que los lectores lleguemos a sentir el desasosiego, la soledad y el desencanto que sufren en sus propias carnes los protagonistas del libro. Laura Rivas Arranz ha sido capaz de traspasar las páginas de la novela, de transmitir las emociones que afectan a los personajes sin necesidad de citarlas por su propio nombre, no te dice que alguien está sólo o triste, te lo muestra. En cuanto a los personajes, en Pasos en la escalera Laura Rivas Arranz no nos va a proporcionar una descripción física de estos, pero no es necesaria. Ha construido unos personajes tan reales, tan de andar por casa que probablemente cada lector les pondrá una cara y ahí reside uno de los encantos de esta novela, algo que nos la hará mucho más cercana y que nos hará entrar de lleno en su lectura: cada vecino de Pasos en la escalera podrá representar a alguien que, aunque sea de forma vaga, nos habremos cruzado alguna vez. La autora deja un aura de desconocimiento sobre la imagen de los personajes porque entre ellos lo hay realmente, no se prestan demasiada atención, y pese a convivir en algunos casos durante años en el mismo bloque no saben a ciencia cierta el nombre de cada uno, cual es su ocupación exacta o la puerta correcta en la que viven. Personalmente, no he podido evitar empatizar con el personaje de Claudia, esa chica joven que comienza la aventura de vivir sola y que arrastra una gran timidez, creo que todos hemos tenido que vencer, en algún momento de nuestra vida esa barrera y saltar obstáculos que quizá nos parecían insalvables. También me ha parecido entrañable la forma en la que la autora trata la personalidad de los dos niños que aparecen en la novela, Daniel y Cristina, ambos perfectamente trazados en la trama que protagonizan. En líneas generales, todos los personajes que protagonizan esta novela coral están muy bien dibujados y encajados dentro de las tramas que protagonizan, que aunque parecen discurrir independientes en realidad están ligadas entre sí.
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| (Fotograma de la película Stockholm) |
Mi experiencia personal con Pasos en la escalera ha sido muy buena, he descubierto a una gran narradora de la que tengo pendiente su primera novela: Rompecabezas, que leeré seguro. En este libro, Laura Rivas Arranz nos invita a reflexionar sobre la importancia que unos simples pasos rozando unos escalones pueden tener sobre nuestra propia existencia.
Puedes comprar Pasos en la escalera aquí






